La
característica básica es la codicia, ambición desmedida, placer
por las cosas materiales. La avidez busca subterfugio, formas de
disimulo públicas, maneras de cubrir el descaro, allí entra en
juego la palabra pueblo. Aunque ya la trampa histórica se descubrió,
insisten. El agiotaje utiliza el término intentando barnizar
su afán de usura. Es un clan de negocios, amistades y familiares en
el poder.
Dios
está con la revolución, dice la ruindad. Un invento más de la
perversidad buscando apropiarse de las creencias y universo
espiritual. Un acto de la lujuria. Se presumen dueños de lo visible
e invisible. Todo un ejercicio de dominación integral: tierras,
minas, empresas, vidas, petróleo, ambiente, deidades.
Nadie
de la comandita ejerce funciones de voluntariado. En su totalidad
ocupan posiciones de alto nivel. "Donde la revolución me
necesite, allí estaré". Casualmente siempre los solicitan como
ministros, vicepresidentes, directores, embajadores, gobernadores,
nunca en cargos de otra índole.
Viven
en francachela. Del palacio directo a la tarima sin pasar por el
contacto con la calle y sus realidades. Se presentan en escenarios
nacionales e internacionales repitiendo ser los auténticos
representantes del pueblo. La sociopatía se disfraza, tiene
astucia.
Presidente
obrero o Primera combatiente, títulos vacuos para la venta,
mercadeo, propaganda del sistema. Categorías elaboradas para
satisfacer el hedonismo de la casta palaciega. Intentan con ello,
demostrar ascendencia política producto de alguna gesta laboral o
lucha con raíz comunitaria. Farsa, engañifa. No trabajan,
nunca lo han hecho, jamás se han esforzado por analizar o trajinar
la problemática social desde su esencia real. Sonrisas, aplausos,
adulancia, transacciones, subastas, oportunismo, arengas,
militarismo, depravación. He allí, el asunto nuclear del poder
que ejercen.
Cilia,
¿qué haces con los cesta tickets que te doy? Le pregunta el
badulaque de la desvergüenza a su consorte en alto volumen
desde un micrófono de la seudo Asamblea Nacional Constituyente.
Ella, sentada cómodamente en la butaca hace una mueca con el rostro.
Otro ardid del poder, una burla hacia la sociedad, a la
necesidad profunda de una población.
Miraflores,
hoy, es el centro de la impudicia y concupiscencia nacional. Estafa,
descomposición y deshonra en acción. Repugnan.
Lorenzo
Figallo Calzadilla @hmcaminante
“Las imágenes que salen en la portada, no son de responsabilidad del autor del escrito”
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