La
parada de autobuses está llena de policías. Muchos se encuentran
sentados sobre las motocicletas, otros acostados entre el tanque de
gasolina y el asiento, algunos recostados de las paredes. Unos
cuantos caminan, se mueven, ríen, conversan, cotillean. En las
mesas de los pequeños restaurantes del entorno también se ubican.
Desde la penumbra de los establecimientos, como escondidos observan,
espían, averiguan. La mirada la fijan en los transeúntes.
El
uniforme es de camuflaje, un rompecabezas de colores dispersos.
Prevalece la intensidad del color gris. Boina roja, a veces, puesta
en la cabeza. Como todo lo militarizado usan botas duras con el fin
de pisar si es necesario con mucha fuerza sobre el devenir de las
calles. Lógicamente: cascos, armas, escudos. Son demasiados en un
mismo lugar. La presencia intimida. El traje trae a la memoria
recuerdos del oscurantismo de los Estados Totalitarios. La ciudad
considerada una de las más peligrosas del globo y ellos en grupo
compacto en ese sitio, exactamente en la frontera entre municipios.
Muro divisorio móvil.
Esa
zona, la de las cuatro esquinas, siempre está sucia, el Alcalde la
olvidó, tiene otros negocios o asuntos que atender. Viaja por el
mundo con sus parientes. Lo han visto andar por Australia, México,
Catar, Roma. Quién sabe por cuáles otros lugares va. Seguramente el
buen sueldo devengado le permite esas facilidades. ¿Cuánto ganará?
Compra pasajes, come en lugares exquisitos, tiene a sus hijos
estudiando en el exterior, usa buena ropa, se aloja en grandes
cadenas de hoteles. Entra y sale del país cuando quiere. Por si
acaso, ahí está su policía cuidando los límites del espacio
físico, el lindero.
Siempre
hay charcos, corre el agua putrefacta por el sector todos los días
del año, una historia sinfín de cañerías rotas. Se acerca un
camión lleno de policías, frena repentinamente frente a la parada,
al hacerlo llena de agua a quienes esperan el autobús. Le reclaman
al conductor, el agente se baja, grita “¡soy humano y me puedo
equivocar!”. No pide disculpas en lo absoluto, más bien se
enfurece. Según él, no vio el evidente charco, el eterno.
¿Sadismo? ¿Disfrute? ¿Inquisición? En el fondo, prevalece esa
idea atrofiada, “el que se altere mucho me lo llevo y listo”. En
una sociedad acosada por desapariciones forzosas, ausencia de
instituciones fiables e inexistencia de estado de derecho todo es
posible, da miedo.
En medio de esas aguas residuales hay muchas bolsas de basura, cada acera de la larga avenida tiene cantidades de ellas. Todas están rotas, mucha gente las remueve buscando comida, intentando encontrar algo para vivir un rato más. Eso no lo ve el Alcalde viajero, tampoco los policías en función de socorrer, orientar. Solo están allí para reprimir en caso de que alguien se inquiete o proteste en los predios del jefe, más aún cuando está ausenten de la localidad. El informe diario debe decir: “todo está normal”.
En
la basura desparramada las manos se confunden agarrando lo que se
pueda para intentar comer algo, llenar el estómago, calmar el
hambre. Unos niños y niñas quienes brincan alrededor se acercan a
la parada, preguntan: “¿Señor, me puede dar para comprar pan?”.
¿Seguro qué es para comprar pan?, le dice la persona. “Sí,
señor, nosotros no somos de droga”. En el autobús, mientras está
estacionado, antes de salir, se sube un hombre pidiendo dinero,
necesita comprar medicinas a su hijo enfermo.
El
Burgomaestre sigue en el exterior. Vive otras realidades. Sus
policías continúan observando fijamente a la multitud, viendo
deambular a la miseria, el dolor y la tragedia social.
Informe
del día: hoy en su territorio todo perfecto, Alcalde.
Nota de la redacción. Se hace constar que el autor del escrito NUNCA ha puesto nombre al Alcalde, que se especifica en el escrito, la redacción a incluido las imágenes de un ALCALDE actual, como ha podido de poner otras fotos, de cualquier otro alcalde, pues las situaciones descritas pueden darse en otras personas. Las imágenes son de dominio publico y están en google y salen en cualquier búsqueda.
“Las imágenes que salen en la portada y en el artículo, no son de responsabilidad del autor del escrito”
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