Solitario,
sentado sobre un pequeño muro al lado de la cafetería de la cuadra
está un niño olvidado por la sociedad, ausente de papá, mamá,
compañeros. Muchos le pasan al lado y le miran de reojo. Es un
marginado en todo sentido y sobre todo de los entes públicos
“responsables” de programas sociales. Lo triste, es que a ese
muchacho se le ve como un peligro, es lo único que lo hace visible
para un mundo. De resto es invisible. Su historia personal e
infortunio poco importan. Sufre callado.
Escasa
es la ropa que le cubre. La mugre lo arropa, incluso, le ha cambiado
eventualmente el color de su piel. Sus zapatos son la planta de sus
pies, un callo grueso formado de tanto andar. Pide atención con
gritos silentes.
El
centro del poder político está en sus asuntos particulares en
función de sostenerse. Hacen ejercicios de guerra unos militares
cuyo alto mando tiene forma abotagada. Hinchados se encuentran al
igual que su comandante en jefe. En eso se van los recursos
económicos de la nación. En el palacio los miembros de la élite
viven en su francachela eterna.
Ese
niño sobrevive cada día, lo intenta. Algo en su universo interior
insiste en indicarle su derecho universal de ser y estar. El embate
de la realidad ha sido con él implacable. ¿Cuáles serán sus
sueños? ¿Dónde radicará su esperanza? ¿Habrá sido amamantado?
¿Recibiría ese amor primario básico de contacto humano afectivo?
¿Quién responde por sus enfermedades? ¿A quién le puede decir lo
que siente en su intimidad de pensamientos, sentimientos y emociones?
Espera una pequeña consideración, alguien que gire la cara y se percate de su existir. ¡Piedad! ¿Qué sentirá de tanto ser rechazado? Es uno más de los muchísimos que habitan en las calles. Es la pobreza profunda. Sin opción mínima de contar con el calor de un hogar, tener una nutrición adecuada y garantizada, poder asistir a una escuela, ser atendido en un sistema de salud, jugar o imaginarse una vida feliz.
¿Cuál
es la función de un sistema político y sus representantes? ¿Para
qué sirve estar en las alturas del poder si nada se hace por la
gente? Un gran engaño definitivamente. Trúhanes y estafadores.
Siempre en camionetas, haciendo viajes, recibiendo buenos sueldos,
comisiones, llenos de comodidades, visitando restaurantes, usando
vestimentas de lujo. Hablan mucho sobre el pueblo en grandes salones
conformados por círculos sociopolíticos exquisitos. Pretenden
justificarse, limpiar las responsabilidades producto de la
concupiscencia. Nada han hecho por el bienestar social. No tienen
empatía, menos aún compasión.
Un
transeúnte pasa y se detiene, lleva una bolsa en sus manos con tres
empanadas frescas, acabadas de hacer en la mañana. Se le acerca al
oído a ese niño abandonado, le acaricia con sonidos, se las entrega
con amistad. Recibe una respuesta de reconocimiento: “gracias padre
por no haberlas botado”. Es un alivio circunstancial.
El
niño con esas breves palabras dio una clase sobre compresión de
las necesidades sociales las cuales deberían escuchar y atender los
jerarcas del modelo político imperante. Voz sincera de la atroz
penuria.
En
la esquina, al cruzar, se está desarrollando otra historia
estrechamente ligada a esta, hay personas comiendo directamente de la
basura.
Lorenzo
Figallo Calzadilla @hmcaminante
“Las imagenes que salen en la portada, no son de responsabilidad del autor del escrito”Otro artículo relacionado y le gustará leer, haciendo click en la imagen
Twittear Enviar este artículo a tus seguidores






