De
repente unas nubes negras palpitantes se presentan con agudeza en mi
cerebro las cuales van y vienen sin cesar. Hay una nubosidad
altamente obstructora en la mente. Se limita en este instante todo
pensamiento, sentimiento y acción. El plan trazado del día se
cae en un abrir y cerrar. Se clausuran las puertas, no entra aire por
las ventanas. Del minuto anterior al posterior hay un cambio
absoluto, inesperado, sin anuncio. La circunstancia impide cumplir
con la tarea planificada. Nada está claro en el afuera, menos hacia
adentro. Turbulencias en el viaje. Se produce una parálisis del
cuerpo, me asume la angustia total. Las ideas saltan inquietas sin
rumbo. Estoy en la orilla del precipicio haciendo equilibrio. Hay un
caos instantáneo en todo el entorno. Te encierras en ti. No hay
puerto seguro al cual arribar.
Hablas
con alguien de confianza, le mencionas lo que sientes, quizás otros
no podrían entenderlo. Callas, te alejas. Se mueve el piso, pierdo
el control de mi ser. Hay que esperar el discurrir para que todo
pase. Todo se desintegra. Un tifón con relámpagos y crisis
eléctricas me envuelve. Estoy dividido en partes, desorganizado,
descolocado. No conozco el mundo extraño al cual penetro, lo
percibo irreal. Una espiral del tiempo. ¿Qué significa el vivir?
Espero el renacer para retornar a mí. Es un ataque de pánico el
cual llega cuando quiere y se va cuando desea. Un fantasma que
aparece de la nada te toma, vapulea las zonas sensibles, luego te
deja en la lona de la vida, adormecido, tirado, exhausto. Todo está
disperso, repartido por pedazos. Soy incapaz de enfocar imágenes,
objetos y a mí mismo.
Al
rato te levantas temeroso, haces un esfuerzo por unirte, reunirte,
pegar lo separado y de esta manera reestructurar el ser desunido,
diluido. Consideras que ya pasó. Por lo menos eso crees.
Empiezas a recibir leves indicios de cierta claridad en el ambiente:
oyes las voces de los viandantes con sus conversaciones, sientes la
brisa del viento, el cantar de los pájaros, los ladridos de los
perros, el salto del gato, el movimiento de algún árbol.
Emerges, llegas a la superficie. Tocas la tierra, te dices
estoy vivo aún. Entonces, vuelves al quehacer de la
cotidianidad e intentas estar de nuevo en tiempo presente, en el
actual con todos los sentidos en lo que ves o haces.
Volverá
el torrencial, lo sé. ¿Cuándo? No imagino. Lo hará sin avisar.
Así actúa, desde la sorpresa e incertidumbre. Cada día intento
estudiarlo, conocer esa historia que me acompaña, las
vivencias personales, las características del entorno en los
momentos anteriores a su aparición. Debo descifrar lo que ocurre en
mi vida antes de la llegada del evento con la finalidad de ver cómo
lo enfrento y canalizo sin lesionarme. Estaré mejor preparado
para recibirlo en la próxima oportunidad, eso pienso y espero.
Consideración
final
Escrito
realizado en tiempos de una gran atrocidad y opresión ejercida por
la cruenta dictadura que lleva a cabo sobre la sociedad venezolana
Nicolás Maduro Moros y su cúpula de milicos abyectos. Un período
caracterizado por: allanamientos a hogares, violación de los
derechos humanos, juicios militares a civiles, muertes en las calles
de gente en protestas, presos políticos, torturas, escasez de
productos alimenticios, hambre en amplios sectores de la población,
impacto en los servicios básicos (apagones constantes de luz, cortes
del suministro de agua, días sin aseo urbano), crisis de salud/
medicamentos, desempleo, irrespeto de las decisiones de las mayorías,
imposición de un sistema o modelo político singularizado por el
absolutismo, confiscaciones, expropiaciones, delincuencia, división,
diáspora, control sobre la vida privada personal y colectiva,
nepotismo.
Un régimen tutelado, entregado a intereses foráneos. Mi
tierra presenta mucho dolor e incertidumbre y yo sufro junto a ella
profundamente. Estamos afectados en lo social, psicológico,
físico/biológico, económico, político, cultural, espiritual,
cultural, ambiental y humano en general.




